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Mala decisión

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Nueva historia! Esta vez no se trata de algo escrito por mí sino por algo que llamó mucho mi atención e interés; yo simplemente cumpliré el rol de publicarla respetando sus derechos de autor ;)

Autor: Nicolás

Son las dos de la noche, la fiesta ha acabado. O al menos para mí, ya que mis amigos se han quedado en la disco y dudo que salgan de aquí a unas buenas horas. Antes de mi, ya se habían marchado Roxana, Elisa & Fernando, tres camaradas de mi grupo de amigos que sale a festejar el fin de semana como todos los viernes. Los demás siempre quedan hasta el amanecer borrachos por algún rincón del local, aunque debo reconocer que los tres recién mencionados son los más importantes que se cruzaron en mi vida. Mi departamento está a más un poco más de tres cuadras, por lo que tomar locomoción sería un desperdicio de dinero. Camino a paso lento, mientras fumo un cigarrillo que me regaló Fernando antes de que este emprendiera rumbo a su casa. Me siento feliz, tengo una gran vida, amigos, dinero, trabajo, mujeres… pero necesito descansar. Si, es una buena decisión. Además, mañana tengo una cita con Elisa y no quiero llegar con ojeras ni resaca.

Continúo mi camino, estoy cada vez más cerca de mi departamento Pienso en Elisa, mi compañera de colegio durante nuestros últimos años como escolares. Siempre me culpé de no haberla conocido a fondo durante los años anteriores, pero de consuelo me quedó una amistad que no sería quebrada después de nuestra graduación. Mañana era el día donde le declararía mi amor, de una vez por todas. Después de tanto darle vueltas a la cabeza me di cuenta que era mejor evadir la ilusión y arriesgarme antes que seguir volando en mis sueños con ella. En caso de que todo saliera mal, tenía un plan B: La hermana mayor de Elisa, Roxana, desde hace mucho anda tras mis pasos, o eso al menos me informó Fernando, uno de sus íntimos amigos, por lo que no sería un mal premio de consuelo. Además, ambas eran prácticamente idénticas a pesar de no ser gemelas o mellizas, salvo que Roxana tenía un trasero… envidiable.

Se acaba mi camino, estoy a menos de tres metros de llegar a mi departamento cuando un agudo grito me sorprende. Corro para vencer la curiosidad y saber que ocurre, e inmediatamente deseo no haber visto lo que vi. Era Roxana, con dos hombres que forcejeaban con ella. El de la derecha, alto y fornido, toma las extremidades superiores de Roxana y la lleva al suelo, mientras que el otro introduce su mano derecha en la entrepierna de la mujer, comienza a toquetear su vagina y Roxana intenta gritar, sin embargo, el hombre corpulento pone su mano izquierda en su boca y le impide pedir ayuda alguna. Yo, oculto tras un basurero, comienzo a pensar un plan para rescatar a la hermana de la mujer con la me imaginaba mi mundo feliz “Debo ir a pedir ayuda, si. No puedo dejarla allí con esos malditos, pero también debo saber que yo fácilmente terminaré machucado ante ese gorila… ¿A quién mierda recurro?... Los pacos, que para alguna huevada sirvan. Mi móvil, ¿Dónde está mi móvil? Mierda, lo perdí… no, Fernando, él necesitaba hacer una llamada y no me lo devolvió. ¿Y si toco puerta por puerta? No, me creerán un loco y si lo consigo, de seguro ya estará muerta. También podría hacer un escándalo en la calle, todos despertarían a ver y de seguro esos dos corren raja… pero no pienso quedar en ridículo, no. No seré el payaso del barrio. Un momento… y si la dejo allí… ¡mi cita de mañana se va a la mierda! Elisa estará como loca buscándola y de seguro ni pensará en estar en el café a las seis…”

En medio de mi pensar, los hombres que tenían a Roxana ya la tenían completamente desvestida. Aquel hombre robusto ya no tenía limitación alguna para pasar sus genitales por donde quisiera, mientras que su acompañante no paraba de lamerle los senos. La pobre mujer no oponía resistencia alguna. Yo seguía allí, observando el que sería sin duda el peor momento de Roxana y perdiendo tiempo valioso que podría salvar a esa pobre mujer de esos abusadores. “Mierda, mierda, mierda, ¿Qué hago?”. Me siento en el suelo, con las manos en mi cabeza e intento pensar en un fantástico plan que acabara con esos dos violadores y me dejara en la portada de los periódicos, hasta que asomo la cabeza para ver que tal continúa la acción. Roxana yace en el suelo, aparentemente traumada, mientras los dos violadores proceden a ponerse sus vestimentas. Mis ojos lo ven todo, ven que Roxana está en pésimas condiciones, con moretones en gran parte de su rostro, prácticamente irreconocible. Me quedo petrificado. Después de perder minutos importantes donde pude evitar una violación, solo atiné a quedar en blanco. El hombre delgado, compañero de calenturas del fornido, saca un puñal de su bolso con claras intenciones de matarla, tal como lo predije. “Mierda, ¡La van a matar y yo aquí como o imbécil!, debo hacer algo o Elisa jamás me lo perdonará”. El gorila la toma de los brazos, mientras que el otro, sin piedad, clava el puñal en el corazón de la recién abusada. La mujer, antes de morir, se percata de mi ubicación, me mira atentamente hasta que la puñalada la deja sin vida. Y yo, en mi escondite, me limito a ocultar mi mirada y a pasar desapercibido por esos dos hombres que de seguro, si me descubren, acaban con mi vida también.

“Mierda, la mataron. Elisa jamás podrá recomponerse de este golpe. Tendré que comprar flores…” Los dos asesinos ya se fugaron del lugar del crimen y no había rastro de ellos. “¿Ahora qué hago? Si Elisa sabe que pude evitar esta tragedia me desterrará de su vida por ser un cobarde, y bien merecido me lo tendría, pero… ¿Qué iba a hacer? Eran dos contra uno, y uno de estos contaba como por cien. Jamás fui el hombre con más fuerza física del mundo y jamás me esforcé en obtenerla, no es mi culpa… pero de sólo imaginar a Elisa llorar se me parte el alma… ¡Un momento! Jamás debe saber que yo presencie los hechos, es más, ni siquiera debe saber que yo ya estoy en conocimiento de que su hermana está muerta. Será perfecto, Elisa estará destruida y necesitará de un hombro donde llorar y allí estaré yo, para apoyarla, para darle consuelo, para hacer volver la sonrisa que en unas horas ha de perder. De seguro que, al ver ese apoyo que le doy, se fijará en mí, y no tendré nada que temer. Nos casaremos, tendremos hijos, seremos felices y nada lo podrá evitar. Finalmente a este episodio podré sacarle algún provecho, ¿no? Que presenciar todo ese horrible hecho no fue precisamente disfrutar de una buena película en el cine…”. Me marché feliz, imaginando a Elisa con su primer maternal puesto…

Llegué a mi departamento e inmediatamente prendí otro cigarrillo. Aún no podía creer lo ocurrido, pero el tabaco siempre es un buen compañero para pasar malos ratos y aquel momento no era la excepción. Me dirigí a mi habitación y me acosté, con intenciones de dormir pero sin poder conciliar el sueño. Unas pastillas fueron necesarias para cerrar los ojos y soñar.

Ya son las cinco y media de la tarde, desperté hace tres horas después del efecto de las pastillas. Almorcé y me vine al café. Si quiero que Elisa realmente no sospeche de mi, debo ir a presentarme al lugar pautado, aunque lo más seguro es que quede plantado. “¿Qué más da? Al fin y al cabo, con mucho gusto cambio treinta minutos de espera innecesaria por una vida entera con Elisa”. Como era de esperar, jamás llegó. Me fui de ese lugar a las seis con cuarenta y cinco minutos y con un hipo desesperante.

Volví a casa, con intenciones de dormir luego. Pensé que la conciencia me castigaría al dejar pasar un homicidio en frente de mis ojos hace más de veinticuatro horas, pero, para mi fortuna, no fue así. Todo lo contrario. Sabía que era cosa de tiempo para rodar de felicidad.

Me acuesto bajo las sábanas y prendo la TV. Nada interesante, como siempre, excepto en cierto canal donde las escenas sexuales, de noche, son recurrentes. Me decido por esta señal, donde la empleada de casa se desnuda ante su jefe, y este, ni tonto ni perezoso, se frota las manos para comenzar la acción. Increíblemente escenas de sexo no me hacen recordar la violación que presencie en el callejón de la cuadra. En el momento donde la nana comienza a emitir orgasmos, cortan la transmisión para dar una noticia de último minuto: ¡Extra! ¡Extra! Hace unos instantes, se ha encontrado el cadáver de una joven chica, identificada como Elisa Herrera, en las calles de la ciudad de concepción. La joven, de veintiún años, fue aparentemente violada por más de un individuo y, posteriormente, asesinada con un puñal que le ocasionó una muerte instantánea. En exclusiva, tenemos las declaraciones de la familia de la víctima”. Fue allí donde la televisión mostró a Roxana, presentando sus declaraciones al micrófono, rompiendo en llanto “¿Mi hermanita? ¿Por qué? ¿Cómo nadie puedo hacer nada? ¿Por qué mi pobre hermanita? ¡Apenas descubra a los culpables los mataré con mis propias manos! ¡Hijos de Puta! ´¡Hijos de Puta!...”

Lo demás corresponde a más informaciones que el periodista relata en su despacho. Apago la TV, ya que toda la información adicional me la sabía al detalle.

Busqué quedar como el brazo consolador de la mujer que vi morir, teniendo la posibilidad de quedar salvarle la vida y quedar como su héroe. Hay momentos en que realmente uno se siente lo peor, pero dudo que se puedan comparar a mí en esta situación. Pienso, pienso en que llegar a este mundo fue la peor idea que a Dios le pudo cruzar por la cabeza y que cualquier otra persona pudo haber hecho algo mejor con la vida que me tocó. ¿Tanto me costaba pedir ayuda? Al menos lo pude haber intentado. Elisa no merecía terminar así, ella era dulce, sincera, solidaria, buena persona, cariñosa y optimista. Una escoria como yo no merece más que la soledad.

Estallo. Tomo el control remoto y lo estrello contra la TV, rompiendo la pantalla. Enloquezco. De la nada, todo comienza a volar. La cama, el velador, el escritorio, todo está en el suelo. Golpes y patadas por todos lados. Tengo el televisor en mis dos manos y mis intenciones son estrellarlo al piso cuando suena la puerta. Abro, era Fernando. Se me hecha a los brazos y llora en mi hombro como un niño.

-         ¿Qu-qué te pasa? – titubeo

-         ¿Qué me pasa? ¿Qué crees tú? Elisa está muerta, ¡Muerta! – exclamó – Soy un cobarde, jamás le pude declarar mi amor. Soy un cobarde, un cobarde. Ahora no tiene sentido gritar a los cuatro vientos que amo a una mujer que ya no está en este mundo. Elisa, perdóname, perdóname… – Y rompió en sollozos.

-         ¿T-te gustaba? – pregunto con inquietud

-         ¿Si me gustaba? ¿Acaso no lo notabas? Baboseaba por ella, ¡habría dado la vida por ella! Esos malditos han de pagar por lo que hicieron, Elisa será vengada

-         Va-vaya…

-         Roxana está destruida – dijo – debes ir a verla, ella siem… aún te quiere. Necesita de apoyo y dudo que haya mejor ayuda que la tuya. Vamos a verla, por favor, vamos luego.

-         Déjame solo Fernando, vete – le dije a mi visita.

-         ¿Qu-Qué? No, tú te vienes conmi…

-         ¡Vete ahora, Fernando, vete! – le grité sin titubear

-         Es-está bien – pronunció, y se dio media vuelta para emprender camino de regreso.

-         ¡Espera! Mi teléfono, déjamelo. Te lo quedaste ayer en la noche. ¡Entrégamelo!

Sin voltear, me entregó mi teléfono. Lo tomé y cerré la puerta violentamente. No tenía ganas de ver a  nadie y Fernando, por más dolido que estuviera, no era la excepción.

Me senté, intentando recapacitar. Es verdad que ambas eran muy parecidas, y las confundí en el momento menos oportuno. Aunque, haya sido Roxana o Elisa, lo cobarde no me lo quita nadie. Ambas eran mis amigas, mis compañeras de colegio, personas que rodearon de alegría mi vida. Daba igual cual fuese de las dos la víctima, no fui capaz de retribuir toda la felicidad que me brindaron, y en estos mismos momentos podría estar Roxana, alegre en su hogar, y Elisa, quizás conmigo de la mano ¿Quién sabe? Y Fernando… él también la amaba, él si habría dado la vida por ella, él no es un cobarde, él merecía el amor de Elisa. En cambio yo… yo debo de darle asco donde quiera que esté. A mi mente llegan escenas donde violaban a la mujer que tanto amé, y la conciencia comienza a hacer su trabajo. Recuerdo su última mirada, iba dedicada a mí, probablemente con desprecio. Ella me vio antes de morir, vio que pude hacer algo para evitar su muerte, y sin embargo mi falta de valor impidió que ella continuara en este mundo.

Pensé en Elisa y Fernando, tomados de la mano y siendo felices. Él si la merece e, indirectamente, fui yo quien le cerró las puertas de la felicidad. Además, Roxana ahora quedó sin su hermana del alma, estará sola con su madre en un hogar donde la alegría de Elisa hará notar su ausencia. Ambos deben estar sufriendo, pero dudo que tanto como yo. Ya que ellos sufren una pérdida, mientras que yo le perdí el sentido a vivir.

Tomo mi teléfono, sé que Roxana siempre me quiso y decidí enviarle un mensaje de despedida, creo que se lo merece. El contenido de tal mensaje me lo guardaré para la otra vida, tal vez en esa tenga más cojones de decirle a Roxana, mirándola a los ojos, lo cobarde que fui esa noche que marcó el destino de todos.

Lo envié, y luego agradecí a Dios de vivir en un sexto piso. De lo único que estoy seguro es que antes de que termine el funeral de mi Elisa, ya estarán en conocimiento de que deberán asistir a otro velorio. Preparen las flores…

 

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Comentarios Mala decisión

¿Llamo mucho tu interés & atención? c: Linda, que bueno que te haya gustado :)
Insisto, debí ser Nicolás Gato :c


Nicolás Gato c: Nicolás Gato c: 06/01/2012 a las 01:11

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